He tenido la suerte de pasar tiempo trabajando con atletas de elite en competencias y he obtenido información sobre los procesos físicos, mentales y emocionales por los que pasan estas personas para alcanzar la excelencia.
El valor de entretenimiento del deporte permite a los riders ganarse la vida, pero pregúntela a cualquier rider profesional por qué hace lo que hace, y muy pocos, si es que hay alguno, te dirán que es por el dinero.
Llegar a la cima es un compromiso de por vida, requiere decenas de miles de horas de práctica, y el proceso está lejos de ser lineal. Como cualquier empresa, no hay garantía de éxito, y los factores de riesgo muy evidentes pueden hacer retroceder a un rider meses, o peor.
Esta exposición constante a un alto nivel de peligro significa que muchos de los mejores riders, muchos de mis amigos entre ellos, forman un umbral completamente nuevo en lo que se considera ‘aterrador’. Solo una vez que se alejan reconocen lo anormal que es.
Ver algunos de los procesos por los que pasan los riders a puerta cerrada para sobresalir en este entorno me ha hecho evidente lo poco que se muestra este lado del deporte en los medios.